Parte 2 / 4


P-En la segunda parte de La caída de los puntos cardinales hay un homenaje a Gabriel García-Márquez y a Juan Rulfo, a pesar de que su obra se ofrece como contrapunto al realismo mágico latinoamericano...

R-Me gustó mucho haberles hecho un homenaje, se los debía. Con García Márquez somos muy buenos amigos.

P-¿Ha sido una relación de maestro-alumno o más bien de colegas?

R- Lo curioso es que yo lo considero un maestro, pero él a mi un colega. Hablamos mucho, muchas veces a solas.

P- En su última obra ya hay más puntos en común con un Cien años de soledad o con Pedro Páramo. La aparición ante la cama del padre muerto de Dahmar, por ejemplo. El vínculo con el realismo mágico es claro, pero no coincide a nivel de estilo...

R- Más que un realismo mágico es una magia sacada de la realidad cotidiana.

P- Y es una magia muy árabe, muy oriental, no hay más que ver la historia de Muhammad con el arriero, que parece sacada de la poesía persa, de Las mil y una noches..., o del Tao.

R-Ahora que lo dice, hay una cosa que sentía cuando escribía esa parte, que es de un realismo absoluto: dos hombres, uno de ellos un arriero, unas vacas, un pasto, no hay nada... Pero yo al escribirlo sentía que había algo de magia en el mismo ambiente, algo irreal, parecía un sueño. Era como un sueño, pero con elementos reales. Hay una neblina, algo nebuloso, que lleva una irrealidad, un surrealismo en este caso, más que un realismo mágico.

P- ¿Un surrealismo basado en la poesía oriental?

R-Sí, debe tener mucho de eso.

P- ¿Cómo era su relación poética con sus padres, en la Colombia, que le tocó?

R- Del ambiente de mi casa mi madre era una persona muy dada a la literatura. Además tenía una gran imaginación para inventar cosas o para adornar cualquier cuento. Muchas veces eran recuerdos que ella adornaba con su fantasía. En el caso de mi padre, él me contó que en su juventud le regaló a mi madre un libro con poemas escritos a mano por los propios poetas colombianos. Para ellos era un gran tesoro. Pero era mi madre la que tenía una inclinación por la literatura.

P- ¿Y en aquella época el orígen libanés le atraía o lo repudiaba más bien?

R- Ni lo uno ni lo otro, de niño convivía con ese mundo árabe. Claro, sin yo darme cuenta estaba ya escribiendo la novela que salió ahora. Y en parte de mis otros libros se ve un poco la atmósfera árabe, con su idioma y con lo grupos libaneses de Latinoamérica que se reúnen, bueno sobre todo se reunían.

P-¿La lengua árabe jugaba una cierta importancia?

R-No, la ha jugado después. Es que yo he conservado los acentos de todas las visitas que íban a mi casa, visitas a mis abuelos, a mis padres, todos hablaban árabe. La primera generación lo hablaba y lo escribía, la segunda, que fue la de mis padres, lo hablaba pero no lo escribía, y la tercera generación, que es la mía, nosotros ya ni lo hablamos ni lo escibrimos. En la novela aparece parte de esto.

P-¿Ofrece dificultades el retorno a Colombia?

R-En absoluto, para mí el retorno está libre. Siempre que regreso a mi país se me viene a la mente un pensamiento que se repite, y es que todos los que viven en mi ciudad, en las ciudades de mi país, son colombianos.

P-En Los parientes de Ester, Ester es la única que no aparece en toda la novela más que cuando el viudo vende una joya suya para pagar el colegio de los niños...¿Puede ser una especie de homenaje a este tipo de destierro?

R- Lo que yo veo es que el personaje principal de la novela es Ester, y está muerto desde el comienzo. El personaje vive a través de los recuerdos de los otros personajes, de las menciones, y su ausencia es la que la hace vivir;no su presencia, sino la falta que le hace a cada uno de los personajes.

P- Puede tener esto una relación con su ausencia de Colombia, con su desarraigo?

R- En este caso no creo, o creo que he recuperado más las raíces buscando temas para escribir la novela. Cont.>>