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P-En la segunda parte de La caída
de los puntos cardinales hay un homenaje a Gabriel
García-Márquez y a Juan Rulfo, a pesar de que
su obra se ofrece como contrapunto al realismo
mágico latinoamericano...
R-Me gustó mucho haberles hecho
un homenaje, se los debía. Con García Márquez
somos muy buenos amigos.
P-¿Ha sido una relación de maestro-alumno
o más bien de colegas?
R- Lo curioso es que yo lo considero
un maestro, pero él a mi un colega. Hablamos mucho,
muchas veces a solas.
P- En su última obra ya hay más
puntos en común con un Cien años de soledad o
con Pedro Páramo. La aparición ante la cama del
padre muerto de Dahmar, por ejemplo. El vínculo
con el realismo mágico es claro, pero no coincide
a nivel de estilo...
R- Más que un realismo mágico es
una magia sacada de la realidad cotidiana.
P- Y es una magia muy árabe, muy
oriental, no hay más que ver la historia de Muhammad
con el arriero, que parece sacada de la poesía
persa, de Las mil y una noches..., o del Tao.
R-Ahora que lo dice, hay una cosa
que sentía cuando escribía esa parte, que es de
un realismo absoluto:
dos hombres, uno de ellos un arriero, unas vacas,
un pasto, no hay nada... Pero yo al escribirlo
sentía que había algo de magia en el mismo ambiente,
algo irreal, parecía un sueño. Era como un sueño,
pero con elementos reales. Hay una neblina, algo
nebuloso, que lleva una irrealidad, un surrealismo
en este caso, más que un realismo mágico.
P- ¿Un surrealismo basado en la
poesía oriental?
R-Sí, debe tener mucho de eso.
P- ¿Cómo era su relación poética
con sus padres, en la Colombia, que le tocó?
R- Del ambiente de mi casa mi madre
era una persona muy dada a la literatura. Además
tenía una gran imaginación para inventar cosas
o para adornar cualquier cuento. Muchas veces
eran recuerdos que ella adornaba con su fantasía.
En el caso de mi padre, él me contó que en su
juventud le regaló a mi madre un libro con poemas
escritos a mano por los propios poetas colombianos.
Para ellos era un gran tesoro. Pero era mi madre
la que tenía una inclinación por la literatura.
P- ¿Y en aquella época el orígen
libanés le atraía o lo repudiaba más bien?
R- Ni lo uno ni lo otro, de niño
convivía con ese mundo árabe. Claro, sin yo darme
cuenta estaba ya escribiendo la novela que salió
ahora. Y en parte de mis otros libros se ve un
poco la atmósfera árabe, con su idioma y con lo
grupos libaneses de Latinoamérica que se reúnen,
bueno sobre todo se reunían.
P-¿La lengua árabe jugaba una cierta
importancia?
R-No, la ha jugado después. Es
que yo he conservado los acentos de todas las
visitas que íban a mi casa, visitas a mis abuelos,
a mis padres, todos hablaban árabe. La primera
generación lo hablaba y lo escribía, la segunda,
que fue la de mis padres, lo hablaba pero no lo
escribía, y la tercera generación, que es la mía,
nosotros ya ni lo hablamos ni lo escibrimos. En
la novela aparece parte de esto.
P-¿Ofrece dificultades el retorno
a Colombia?
R-En absoluto, para mí el retorno
está libre. Siempre que regreso a mi país se me
viene a la mente un pensamiento que se repite,
y es que todos los que viven en mi ciudad, en
las ciudades de mi país, son colombianos.
P-En Los parientes de Ester, Ester
es la única que no aparece en toda la novela más
que cuando el viudo vende una joya suya para pagar
el colegio de los niños...¿Puede ser una especie
de homenaje a este tipo de destierro?
R- Lo que yo veo es que el personaje
principal de la novela es Ester, y está muerto
desde el comienzo. El personaje vive a través
de los recuerdos de los otros personajes, de las
menciones, y su ausencia es la que la hace vivir;no
su presencia, sino la falta que le hace a cada
uno de los personajes.
P- Puede tener esto una relación
con su ausencia de Colombia, con su desarraigo?
R- En este caso no creo, o creo
que he recuperado más las raíces buscando temas
para escribir la novela. Cont.>>
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