Parte 3 / 4


P-Una cosa que me ha llamado la atención, sobre todo en Los parientes de Ester, es esa obsesión por el dinero, pero sin engalanarla de beatería. Da la sensación que se contrapone a ese planteamiento de parte de los escritores de izquierda del siglo pasado siempre interesados en ver la belleza en la pobreza, en la bohemia, en ver la poesía como necesitada de pobreza. En cambio en los parientes de Ester hay una continua referencia a lo dura que es la falta de dinero, la situación de Colombia, las situaciones que la pobreza provoca.

R- Este es un tema constante, y creo que lo será, pues a pesar de todas las inquietudes del hombre por temas que no son los sociales, hay algo que los separa de todas maneras que es la posición social. Yo no creo que hubiera separación, no la habría si el pobre tuviera para vivir, pero el mundo se desarrolla de una manera en que la pobreza llega a una miseria absoluta. Un escritor tiene preocupaciones intelectuales y por lo tanto lucha por encontrar una palabra que quede bien, pero me doy cuenta que las relaciones en la sociedad y en el mundo entero siguen basándose en esa desigualdad tan grande, cada vez más grande...Y llega un momento en que por mucho que uno sea intelectual esto es lo que convive con uno a diario. Ahora, no hacer de esto una bandera tampoco, ni del pobre el bueno. Yo desde muy joven leí una declaración, una frase de Chejov que decía más o menos que vanagloriarse de la pobreza es tan vulgar como vanagloriarse de la riqueza. Y hay que tener cuidado, yo siempre lo he tenido para no hacer del pobre un héroe, también tiene sus sentimientos malos y se obsesiona en la búsqueda de dinero, pero en mis novelas llega un momento en que también están buscando algo más.

P-Siempre hay una búsqueda de la ascensión social...

R-Sí, pero el dinero también hace que separe o una a mis personajes. Aunque llega un momento que se incorporan otros elementos que también los separan o los unen. Se trata de no hacer tampoco una cosa absolutamente intensa de la situación del dinero, pero olvidarlo tampoco, pues en la sociedad, en el mundo entero sigue funcionando así.

P-¿Es una literatura para colombianos o de constantes universales?

R-Repetiré lo que se ha dicho de mis libros, que en ellos hay personajes colombianos, pero que viven en situaciones universales. Me gusta está definición.

P-En qué medida influye la lengua árabe, dado que usted en su casa no habló árabe con sus padres, ahora que comenzó su aprendizaje hace unos años, en La caída de los puntos cardinales.

R- En gran medida, si yo no hubiera profundizado fuera de Colombia en el estudio de la lengua árabe no habría podido escribir de esta manera La caída de los puntos cardinales. Es esta relación con la lengua y mi relación, fuera de Colombia, con los libaneses recién salidos del Líbano. Esa relación mía con ellos ha influido mucho al escribir esta novela. No sólo la información, sino la información transformada en un espíritu. Porqué la gente hace esto, cómo lo hicieron, y porqué lo hicieron...

P-O sea, captar la esencia...

R-Exacto, captar la esencia de cada anécdota. Esto sí me ha cambiado, de lo contrario no hubiera podido escribir La caída de los puntos cardinales.

P-Y de hecho se capta, se percibe aquella realidad...

R-Qué bien, eso me alegra...Porque todas son, claro, anécdotas para completar el argumento, y con el argumento el tema en general que yo tenía desde Colombia. Es una novela que vengo haciendo desde niño, sin darme cuenta, con las preguntas que les hacía a mis padres y con lo que les oía a ellos sin necesidad de preguntas. Eso sí, todo viene de allá porque además es la relación de los libaneses que emigraron a Latinoamérica con la gente de Latinoamérica. Pero hay una esencia y hay un espíritu que desarrollé en mi contacto y en mi relación con la lengua árabe fuera de Colombia y con los libaneses que viven en Europa.

P-No puede influir también el hecho de vivir en Berlín, justo en este barrio de Kreuzberg, donde tanto se siente el pulso vital turco, árabe, oriental en cualquier caso...

R- Habría podido influir, sino fuera porque todo aquello ya venía de Colombia...

P-¿Es posible establecerse en Colombia?

R- Ese es mi propósito. En los últimos años viajo mucho a Colombia, y de hecho tengo la sensación de que vivo en Colombia y viajo al exterior. Me hace mucha falta el lenguaje colombiano. El lenguaje de mi ciudad me hace falta para escribir, es esencial. Si no lo tengo termino escribiendo con una especie de perfección académica, pero no más...

P-Y de hecho en La caída de los puntos cardinales el lenguaje es un castellano más universal que en Los parientes de Ester, donde se captan más los ritmos bogotanos, sin por eso ser frío....

R-En este momento ha habido una influencia de la lengua árabe, de algunos escritores árabes y además hay un contacto también con la literatura en general, mucho más profundo, sobre todo la escrita en castellano. Como los clásicos españoles de los siglos XV, XVI y XVII...

P-¿Algún autor de referencia en ese sentido?


R-Los escritores españoles de esos siglos, todos. Los sigo leyendo, creo que de allí venimos todos. Luego he pensado que escritores como Borges y Rulfo rescataron el idioma castellano para la literatura, lo establecieron, lo limpiaron de ciertas expresiones, incorporaron unas nuevas, y fuera de eso crearon una sintaxis nueva y un propósito nuevo a la lengua...

P- ¿Añora el pasado no vivido en el Líbano?

R-Creo que escribir sobre este pasado en el Líbano es una forma de rescatar un pasado que no tuve. Ahora que lo dices, hay una añoranza de algo que no tuve. No añoranza del pasado, sino del que faltó.

P-¿Cómo vive esa dicotomía de vivir en el barrio turco de Berlín, siendo considerado turco sin serlo en su país?

R- Lo que pasa es que en Colombia, cuando nos dicen turcos a los que somos de descendencia libanesa, lo consideramos un nombre, no dejamos de sentirnos igual de colombianos que todos los que lleven los apellidos colombianos, españoles o los de los primeros habitantes. Uno es colombiano, sólo que lo llaman turco. Afuera he visto la diferencia, porque aquí ellos quieren conservar su identidad y costumbres de un modo más intenso, frente a una sociedad a la que entran con más dificultad. En Colombia no es así, uno aprende el idioma castellano y sea descendiente de quien sea es colombiano. Cont.>>