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P-Una cosa que me ha llamado la
atención, sobre todo en Los parientes de Ester,
es esa obsesión por el dinero, pero sin engalanarla
de beatería. Da la sensación que se contrapone
a ese planteamiento de parte de los escritores
de izquierda del siglo pasado siempre interesados
en ver la belleza en la pobreza, en la bohemia,
en ver la poesía como necesitada de pobreza. En
cambio en los parientes de Ester hay una continua
referencia a lo dura que es la falta de dinero,
la situación de Colombia, las situaciones que
la pobreza provoca.
R- Este es un tema constante,
y creo que lo será, pues a pesar de todas las
inquietudes del hombre por temas que no son los
sociales, hay algo que los separa de todas maneras
que es la posición social. Yo no creo que hubiera
separación, no la habría si el pobre tuviera para
vivir, pero el mundo se desarrolla de una manera
en que la pobreza llega a una miseria absoluta.
Un escritor tiene preocupaciones intelectuales
y por lo tanto lucha por encontrar una palabra
que quede bien, pero me doy cuenta que las relaciones
en la sociedad y en el mundo entero siguen basándose
en esa desigualdad tan grande, cada vez más grande...Y
llega un momento en que por mucho que uno sea
intelectual esto es lo que convive con uno a diario.
Ahora, no hacer de esto una bandera tampoco, ni
del pobre el bueno. Yo desde muy joven leí una
declaración, una frase de Chejov que decía más
o menos que vanagloriarse de la pobreza es tan
vulgar como vanagloriarse de la riqueza. Y hay
que tener cuidado, yo siempre lo he tenido para
no hacer del pobre un héroe, también tiene sus
sentimientos malos y se obsesiona en la búsqueda
de dinero, pero en mis novelas llega un momento
en que también están buscando algo más.
P-Siempre hay una búsqueda de la
ascensión social...
R-Sí, pero el dinero también hace
que separe o una a mis personajes. Aunque llega
un momento que se incorporan otros elementos que
también los separan o los unen. Se trata de no
hacer tampoco una cosa absolutamente intensa de
la situación del dinero, pero olvidarlo tampoco,
pues en la sociedad, en el mundo entero sigue
funcionando así.
P-¿Es una literatura para colombianos
o de constantes universales?
R-Repetiré lo que se ha dicho de
mis libros, que en ellos hay personajes colombianos,
pero que viven en situaciones universales. Me
gusta está definición.
P-En qué medida influye la lengua
árabe, dado que usted en su casa no habló árabe
con sus padres, ahora que comenzó su aprendizaje
hace unos años, en La caída de los puntos cardinales.
R- En gran medida, si yo no hubiera
profundizado fuera de Colombia en el estudio de
la lengua árabe no habría podido escribir de esta
manera La caída de los puntos cardinales. Es esta
relación con la lengua y mi relación, fuera de
Colombia, con los libaneses recién salidos del
Líbano. Esa relación mía con ellos ha influido
mucho al escribir esta novela. No sólo la información,
sino la información transformada en un espíritu.
Porqué la gente hace esto, cómo lo hicieron, y
porqué lo hicieron...
P-O sea, captar la esencia...
R-Exacto, captar la esencia de
cada anécdota. Esto sí me ha cambiado, de lo contrario
no hubiera podido escribir La caída de los puntos
cardinales.
P-Y de hecho se capta, se percibe
aquella realidad...
R-Qué bien, eso me alegra...Porque
todas son, claro, anécdotas para completar el
argumento, y con el argumento el tema en general
que yo tenía desde Colombia. Es una novela que
vengo haciendo desde niño, sin darme cuenta, con
las preguntas que les hacía a mis padres y con
lo que les oía a ellos sin necesidad de preguntas.
Eso sí, todo viene de allá porque además es la
relación de los libaneses que emigraron a Latinoamérica
con la gente de Latinoamérica. Pero hay una esencia
y hay un espíritu que desarrollé en mi contacto
y en mi relación con la lengua árabe fuera de
Colombia y con los libaneses que viven en Europa.
P-No puede influir también el hecho
de vivir en Berlín, justo en este barrio de Kreuzberg,
donde tanto se siente el pulso vital turco, árabe,
oriental en cualquier caso...
R- Habría podido influir, sino
fuera porque todo aquello ya venía de Colombia...
P-¿Es posible establecerse en Colombia?
R- Ese es mi propósito. En los
últimos años viajo mucho a Colombia, y de hecho
tengo la sensación de que vivo en Colombia y viajo
al exterior. Me hace mucha falta el lenguaje colombiano.
El lenguaje de mi ciudad me hace falta para escribir,
es esencial. Si no lo tengo termino escribiendo
con una especie de perfección académica, pero
no más...
P-Y de hecho en La caída de los
puntos cardinales el lenguaje es un castellano
más universal que en Los parientes de Ester, donde
se captan más los ritmos bogotanos, sin por eso
ser frío....
R-En este momento ha habido una
influencia de la lengua árabe, de algunos escritores
árabes y además hay un contacto también con la
literatura en general, mucho más profundo, sobre
todo la escrita en castellano. Como los clásicos
españoles de los siglos XV, XVI y XVII...
P-¿Algún autor de referencia en
ese sentido?
R-Los escritores españoles de esos siglos, todos.
Los sigo leyendo, creo que de allí venimos todos.
Luego he pensado que escritores como Borges y
Rulfo rescataron el idioma castellano para la
literatura, lo establecieron, lo limpiaron de
ciertas expresiones, incorporaron unas nuevas,
y fuera de eso crearon una sintaxis nueva y un
propósito nuevo a la lengua...
P- ¿Añora el pasado no vivido en
el Líbano?
R-Creo que escribir sobre este
pasado en el Líbano es una forma de rescatar un
pasado que no tuve. Ahora que lo dices, hay una
añoranza de algo que no tuve. No añoranza del
pasado, sino del que faltó.
P-¿Cómo vive esa dicotomía de vivir
en el barrio turco de Berlín, siendo considerado
turco sin serlo en su país?
R- Lo que pasa es que en Colombia,
cuando nos dicen turcos a los que somos de descendencia
libanesa, lo consideramos un nombre, no dejamos
de sentirnos igual de colombianos que todos los
que lleven los apellidos colombianos, españoles
o los de los primeros habitantes. Uno es colombiano,
sólo que lo llaman turco. Afuera he visto la diferencia,
porque aquí ellos quieren conservar su identidad
y costumbres de un modo más intenso, frente a
una sociedad a la que entran con más dificultad.
En Colombia no es así, uno aprende el idioma castellano
y sea descendiente de quien sea es colombiano.
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