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P-¿Es una casualidad que la emigración
libanesa coincidiera con el cambio del siglo XIX
al XX y que usted haya escrito esta última obra
también en un cambio de siglo, de milenio? ¿Quiere
La caída de los puntos cardinales mostrar las
meditaciones que surgen con los cambios de siglo
trasladándolo a otro cambio de siglo?
R-Fue una feliz coincidencia. Me
dí cuenta cuando escribía la novela. Esta coincidencia
me sirvió para reflexionar sobre el cambio de
siglo, sobre lo que es el tiempo, que aparece
en la novela también en un diálogo...
P-En la segunda parte aparecen
dos aceras que se juntan en un presente que dura
dos días... ¿No volvemos aquí a esa reflexión
matemática, tan árabe?
R-Claro, esto viene de ahí. El
hombre siempre ha sufrido mucho con el pensamiento
del tiempo y el espacio, pero cuando yo estaba
escribiendo la novela se me asentó este pensamiento.
El viaje en aquel entonces era el viaje para toda
la vida. Entonces, cómo regresar en el tiempo
y cómo ocupar el nuevo espacio. Esta es una preocupación,
un divertimento de la mente que se me amplió,
se me agrandó...
P-¿Tiene algún proyecto vital a
largo plazo, una nueva novela?
R- Sigo escribiendo, escribo una nueva novela
ahora, estoy en los primeros capítulos, mientras
va tomando forma, más de la que tiene ahora, por
lo menos en propósito. Ahora claro, el deplazamiento
vital mío siempre ha estado sujeto a lo que estoy
escribiendo. A mí me da miedo sentarme a escribir
una novela en un sitio porque hasta que no termino
de escribirla no me muevo y en este momento que
ya estoy escribiendo otra novela pienso eso, a
ver cuándo puedo ubicarme de nuevo durante algún
tiempo en Colombia...
P...¿Y por qué no puede cambiar
la ubicación con la novela, se quebraría la estructura?
R- Es ese miedo de que cuando uno
se sienta en otro asiento cambia el pensamiento,
¿no? Lo que más me desespera en la novela es el
tiempo tan largo que uno necesita, porque siempre
tengo el miedo de que voy a cambiar el escritorio,
de que voy a cambiar de casa, de sitio. Un día,
hablando de esto con un amigo me contó que tiene
un amigo escritor que estaba en un sitio escribiendo
una novela y de pronto le tocó trasladarse de
lugar por la enfermedad de un pariente. Le dijo:
"Mire, esa novela venía brotándome como un jardín,
cada día salía una flor, y de pronto se me quedó
trancada". Yo creo en esa anécdota.
P-¿Es como trasladar las flores?
R-Sí, claro, llega un momento que
se secan al no estar en el jardín donde estaban...
P-Pero el jardín nuevo puede ser
también más enriquecedor, tener mejor tierra...
R-Sí, yo de todas maneras siempre
pienso, para contradecirme a mí mismo, que si
uno quiere escribir escribe en cualquier sitio,
con cualquier utensilio de escribir. En el momento
en que falle la computadora soy capaz de escribir,
no solo con una máquina mecánica de las viejas,
sino también a mano. Me acostumbro con
una gran facilidad...
P-¿Tiene una trama preconcebida
o deja que la novela lo guíe?
R-Siempre que voy a empezar algo prefiero terner
el principio, sí, pero también el final, para
ver adónde voy. Y eso que es un principio y un
final estimulan a que vaya brotando algo, las
circunstancias del relato, de acuerdo a un relato
que también voy creando al mismo tiempo. Uno lo
establece aunque después cambie, esto me ha pasado
con los finales, que voy hacia un final y durante
el trayecto lo cambio. Pero me da ánimo empezar
teniendo un final...
P-Es como los proyectos vitales
que van cambiando también..
R- Que van cambiando, mucho a veces,
pero con una meta...
P- Usted es un escritor, un hombre
de largo plazo en su existencia, ¿hay en su obra
un hilo conductor?
R- Lo presiento, lo busco y quiero
encontrarlo. En esto del trabajo literario creo
mucho en la frase de trabajar más y escribir menos.
Darle muchas vueltas a lo que uno está escribiendo,
cuál es la visión y cuál el sentido que tiene,
ya me he acostumbrado a vivir con este diálogo
diario con la literatura y conmigo mismo y lo
que veo es que, últimamente, de unos años para
acá es menos lo que rompo, antes rompía mucho:
medias novelas, capítulos enteros. Ahora me da
temor sentarme a escribir un libro. Si no tengo
esa seguridad por lo general ya no lo empiezo,
sería perder el tiempo. Aunque ese trabajo que
uno rompe es como decía aquel jugador de ajedrez:
"Me enseña más una partida que perdí por el error
que cometí que una partida que gane, ya que muchas
veces ni sé porqué la gané. En cambio la partida
que perdí, sí sé porqué la perdí".
P-El ajedrez también es una disciplina
muy árabe...
R-Hay un universo simétrico, o
al menos que busca ser simétrico.
Del autor:
Los sonidos del fuego (1968)
Olor de lluvia (1974)
Los parientes de Ester (1978)
Una lección de la vida (1984)
Compañeros de viaje (1991)
La carta del futuro (1993)
El regreso de los ecos (1993)
Un espejo después (1995)
La caída de los puntos cardinales (2000)
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