Parte 4 / 4


P-¿Es una casualidad que la emigración libanesa coincidiera con el cambio del siglo XIX al XX y que usted haya escrito esta última obra también en un cambio de siglo, de milenio? ¿Quiere La caída de los puntos cardinales mostrar las meditaciones que surgen con los cambios de siglo trasladándolo a otro cambio de siglo?

R-Fue una feliz coincidencia. Me dí cuenta cuando escribía la novela. Esta coincidencia me sirvió para reflexionar sobre el cambio de siglo, sobre lo que es el tiempo, que aparece en la novela también en un diálogo...

P-En la segunda parte aparecen dos aceras que se juntan en un presente que dura dos días... ¿No volvemos aquí a esa reflexión matemática, tan árabe?

R-Claro, esto viene de ahí. El hombre siempre ha sufrido mucho con el pensamiento del tiempo y el espacio, pero cuando yo estaba escribiendo la novela se me asentó este pensamiento. El viaje en aquel entonces era el viaje para toda la vida. Entonces, cómo regresar en el tiempo y cómo ocupar el nuevo espacio. Esta es una preocupación, un divertimento de la mente que se me amplió, se me agrandó...

P-¿Tiene algún proyecto vital a largo plazo, una nueva novela?


R- Sigo escribiendo, escribo una nueva novela ahora, estoy en los primeros capítulos, mientras va tomando forma, más de la que tiene ahora, por lo menos en propósito. Ahora claro, el deplazamiento vital mío siempre ha estado sujeto a lo que estoy escribiendo. A mí me da miedo sentarme a escribir una novela en un sitio porque hasta que no termino de escribirla no me muevo y en este momento que ya estoy escribiendo otra novela pienso eso, a ver cuándo puedo ubicarme de nuevo durante algún tiempo en Colombia...

P...¿Y por qué no puede cambiar la ubicación con la novela, se quebraría la estructura?

R- Es ese miedo de que cuando uno se sienta en otro asiento cambia el pensamiento, ¿no? Lo que más me desespera en la novela es el tiempo tan largo que uno necesita, porque siempre tengo el miedo de que voy a cambiar el escritorio, de que voy a cambiar de casa, de sitio. Un día, hablando de esto con un amigo me contó que tiene un amigo escritor que estaba en un sitio escribiendo una novela y de pronto le tocó trasladarse de lugar por la enfermedad de un pariente. Le dijo: "Mire, esa novela venía brotándome como un jardín, cada día salía una flor, y de pronto se me quedó trancada". Yo creo en esa anécdota.

P-¿Es como trasladar las flores?

R-Sí, claro, llega un momento que se secan al no estar en el jardín donde estaban...

P-Pero el jardín nuevo puede ser también más enriquecedor, tener mejor tierra...

R-Sí, yo de todas maneras siempre pienso, para contradecirme a mí mismo, que si uno quiere escribir escribe en cualquier sitio, con cualquier utensilio de escribir. En el momento en que falle la computadora soy capaz de escribir, no solo con una máquina mecánica de las viejas, sino también a mano. Me acostumbro con una gran facilidad...

P-¿Tiene una trama preconcebida o deja que la novela lo guíe?


R-Siempre que voy a empezar algo prefiero terner el principio, sí, pero también el final, para ver adónde voy. Y eso que es un principio y un final estimulan a que vaya brotando algo, las circunstancias del relato, de acuerdo a un relato que también voy creando al mismo tiempo. Uno lo establece aunque después cambie, esto me ha pasado con los finales, que voy hacia un final y durante el trayecto lo cambio. Pero me da ánimo empezar teniendo un final...

P-Es como los proyectos vitales que van cambiando también..

R- Que van cambiando, mucho a veces, pero con una meta...

P- Usted es un escritor, un hombre de largo plazo en su existencia, ¿hay en su obra un hilo conductor?

R- Lo presiento, lo busco y quiero encontrarlo. En esto del trabajo literario creo mucho en la frase de trabajar más y escribir menos. Darle muchas vueltas a lo que uno está escribiendo, cuál es la visión y cuál el sentido que tiene, ya me he acostumbrado a vivir con este diálogo diario con la literatura y conmigo mismo y lo que veo es que, últimamente, de unos años para acá es menos lo que rompo, antes rompía mucho: medias novelas, capítulos enteros. Ahora me da temor sentarme a escribir un libro. Si no tengo esa seguridad por lo general ya no lo empiezo, sería perder el tiempo. Aunque ese trabajo que uno rompe es como decía aquel jugador de ajedrez: "Me enseña más una partida que perdí por el error que cometí que una partida que gane, ya que muchas veces ni sé porqué la gané. En cambio la partida que perdí, sí sé porqué la perdí".

P-El ajedrez también es una disciplina muy árabe...

R-Hay un universo simétrico, o al menos que busca ser simétrico.

Del autor:
Los sonidos del fuego (1968)
Olor de lluvia (1974)
Los parientes de Ester (1978)
Una lección de la vida (1984)
Compañeros de viaje (1991)
La carta del futuro (1993)
El regreso de los ecos (1993)
Un espejo después (1995)
La caída de los puntos cardinales (2000)